La teoría de la habitación… Es una teoría en la que estás están en una habitación a oscuras junto a otra persona, no hay puertas ni ventanas, oscuridad total. No puedes ni ver ni tocar ni oler a esa persona pero si escucharla. La teoría dice que si a pesar de ello no quieres salir de la habitación, esa persona debe estar en tu vida. Esta teoría viene a reflejar la importancia de la ausencia de aspectos físicos para conocer a otras personas. Vivimos en un mundo donde la imagen física lo es todo, un mundo donde dicen que nuestro físico es la puerta de entrada para otras personas, que refleja quienes somos. Sumidos en un constante bombardeo acerca de como debemos ser físicamente se olvida lo realmente importante: el interior. Y quizás esto pueda sonar a un alegato al quedar bien, al ser correcto pero que luego, en la realidad, es algo que no se aplica, que valoramos más positivamente una estética determinada. Pero parémonos a pensar: no se juzga un libro por su portada ni un alimento por su envoltorio pero sin embargo si lo hacemos con las personas, algo falla. Porque a nadie se le escapa que no se debe juzgar un libro por su portada del mismo modo sería absurdo negar que existen alimentos exquisitos cuya piel tira para atrás. Pero ¿Y con la gente? Asumamos la realidad: el cuerpo cambia, me atrevería a decir que son las circunstancias de la vida quienes nos hacen cambiar por dentro, pero ¿nuestro cuerpo? Los años no perdonan: se amplia la frente, la grasa aparece donde menos se desea, las orejas y la nariz no paran de crecer...cumplir años es una broma de mal gusto para el cuerpo, pero no podemos cambiarlo, bueno...a base de bisturí si pero eso es ir en contra natura. Pero ¿y el interior? Me atrevería a decir que todas las personas adoran una charla interesante, una conversación de esas que hacen que no mires el reloj pero que cuando lo haces observas lo rápido que pasa el tiempo, charlas que te cambian la vida, quizás solo por un momento, quizás para siempre, pero charlas que no deseas que acaben, charlas que al fin y al cabo se hacen sin ojos, sin barreras. Y hay que ser brutos pero realistas: el físico está bien para un polvo (ahí, mostrando poesía…) pero crecer implica que una persona ya no desea eso, y es curiosamente en ese momento en el que eres consciente de la excesiva importancia que se le da a un físico. Asumamos la realidad: un buen físico da para un rato, una persona inteligente da para toda la vida. La gente inteligente gusta, hace que te detengas ha hablar con ella pues sabes que se alejará de elementos superficiales, que no te hablará de aspectos físicos y que desde luego ni te juzgará ni te valorará por tu aspecto físico, la gente inteligente atrae con la palabra sin necesidad de adornos superficiales. Pero vivimos en un mundo que impone todo lo contrario: - Es que es mejor que me entre por la mirada-. - Y un bote de perfume también huele bien pero a ver quien le mete un trago a eso-. La teoría de la habitación es la clara demostración de la importancia de anular aspectos físicos ante otras personas, es ser consciente de que un físico “bien”, siendo esto algo relativo, abre las piernas mientras que un intelecto abre la mente. Por desgracia esta teoría tiene un lado triste y que en ningún momento se puede impedir que la otra persona salga de la habitación a pesar de que nosotros no queramos esto suceda, del mismo modo no podemos olvidar que esa otra persona...también somos nosotros.