Buenas, me llamo Bonifacio Martinez Da Souza y soy un rebelde: - ¿Llevas cresta punk? - ¿Proclamas lemas revolucionarios? - ¿Te manifiestas con el puño en alto y el rostro tapado? Para nada, voy más allá: apago el móvil nada más levantarme. - ¡Asesino! - ¡Facha! (termino el cual no tiene nada que ver pero que se suelta sin cuestionar el concepto pero que eh, queda bien) - ¡Rojo! - ¡Turquesa! - ¡¿ Pero es que tú no tienes corazón ?! Lejos de lo que pueda parecer es un acto de sensatez. Vivimos en una época en la que parece que tengamos que estar siempre disponibles, una época en la que es la inmediatez la marca nuestro ritmo, una época en la que si o si tienes que estar, da igual el como o el donde, pero tienes que estar. Y lo sentimos, incluso de noche vamos a aplicar la norma del cinismo más absoluto a modo de “por la noche te dejamos descansar pero no apagues el móvil por si acaso”, ahí jugando con el miedo del “si pasa algo” pero ¿y si no pasa?. Quizás pueda parecer un acto de insensatez pero es algo que desde que comencé y lo hice una vez, comprendí que era lo correcto, que no era necesario estar siempre disponible, que en ocasiones pasar tiempo con uno mismo es un placer que poco a poco se olvida. A todos nos gustar hacer cosas a modo ocio e incluso me atrevería a decir que incluso en las obligaciones del hogar nos gusta tener nuestro propio ritmo pero con la llegada de los teléfonos móviles esto es algo que se fue perdiendo. Si nos paramos a pensar veremos como a todos nos han interrumpido mientras hacíamos algo, sea lo que sea, pero nos han interrumpido por la imposición de la inmediatez, por esa norma no escrita del tener que estar lo cual se logra teniendo siempre nuestros teléfonos móviles encendidos. Y me atrevería a decir que en muchas ocasiones ese “stop” de libertad no conectada es por algo que puede esperar ya sea un mensaje irrelevante o una simple llamada de spam, la interrupción ya se hecha. Una de las cosas que he podido apreciar al apagar el móvil es que vivimos en un mundo con gente real, y quizás esto puede parecer absurdo pero ¿te has fijado en todo cuanto te rodea? Nos perdemos en la inmediatez de mirar una pantalla, hasta asusta ver como para mirar el tiempo tenemos que mirar nuestro móvil en lugar de abrir la ventana. Pero lo hacemos, lo asumimos con naturalidad pero ¿a cambio de que?¿de nuestra libertad? ¿De nuestra privacidad? Es irónico como en muchas ocasiones, en especial cuando aparecen casos de vulneración de la privacidad, nos llevemos las manos a la cabeza en lugar de hacerlo a nuestro bolsillo para apagar el móvil, si, somos datos con patas y en todo momento los estamos exponiendo para luego quejarnos por falta de privacidad. Y de acuerdo, apagar el móvil tiene un lado negativo, si es que podamos decirlo así, que no es otro que en ocasiones nuestros contactos nos escriben ya sea por necesidad ya sea por gusto, ni que decir tiene que como pase algo urgente estás perdido y la gente quiere evitar eso, se juega con el “y si” para obtener datos personales ya sea de consumo, geolocalizaciónn o incluso con que personas hablamos más. Por eso hay que huir de cualquier radicalismo extremo y si bien es cierto que apagar el móvil es un acto de rebeldía, también debemos reconocer que esto debe ser algo puntual. Podría decir que apagar el móvil te da mayor libertad, una mayor independencia para hacer las cosas a tu ritmo sin interrupciones, algo que curiosamente aporta mas tiempo de manera posterior: no te han interrumpido, has ganado tiempo, y resulta curioso porque posteriormente ese tiempo lo dedicarás, entre otras cosas, a aquellos que te habían escrito o llamado mientras tu, de una manera libre, tenias el móvil apagado siendo este una acto de rebeldía que se compensa con una mayor libertad.